Madeira

La isla portuguesa de Madeira es un paraíso no descubierto por muchos que se encuentra a poco más de dos horas en avión desde España. Sus increíbles paisajes adornados con una gran variedad de vegetación y unos acantilados imponentes hacen de la isla un destino muy atractivo que, debido a su corta extensión de 57 km de largo y 22 km de ancho, nos permite descubrirla prácticamente en su totalidad en poco tiempo.

Visitar su capital, Funchal, es imprescindible. Esta ciudad de apenas 112.000 habitantes consigue que te sumerjas de lleno en la cultura, gastronomía y arquitectura de la isla portuguesa. La Zona Velha, el antiguo barrio de pescadores y comerciantes, incita a perderte por las estrechas calles del casco antiguo para descubrir infinidad de restaurantes y casas con decoraciones de arte urbano. Muy cerca podemos encontrar el mercado dos Lavradores, un mercado lleno de colores y aromas situado en un edificio construido en 1940 con elementos de arquitectura art déco en el que, además de verduras, frutas y flores, se puede comprar pescado fresco, en especial pez cinto o pez espada, típico en la gastronomía madeirense.

La visita por el casco viejo de la capital no puede terminar sin antes visitar el Forte de Sao Tiago, situado en la zona más este de la Zona Velha. Esta edificación de color amarillo data del siglo XVII y su cometido era proteger la isla de piratas. Actualmente podemos encontrar en su interior un pequeño museo y un restaurante que se puede visitar de lunes a viernes por solo 3 euros.

Uno de los iconos turísticos de Funchal es el teleférico, que asciende hasta la población de Monte recorriendo una distancia de casi 4 kilómetros en 15 minutos y es una opción ideal para desplazarte más fácilmente que el transporte terrestre, disfrutando además de unas vistas espectaculares. De esta misma forma se llega al Jardín Botánico, situado entre las colinas de Funchal, que alberga alrededor de 2000 especies de plantas en su interior, convirtiéndolo en lo que algunos denominan como una colorida réplica en miniatura del Edén.

La ciudad de Monte, ubicada al norte de Funchal, tiene bastante que ver y hacer, pero hay algunos lugares concretos, además del Jardín Botánico, que son imprescindibles, como son el Monte Palace Garden o Santuario de Nossa Senhora do Monte.

El Monte Palace Garden está calificado como uno de los jardines más bonitos del mundo según la revista de viajes Condè Nest Traveler. Consta de un área de 70.000 metros cuadrados y está repleto de plantas exóticas endémicas de un gran número de países. Esta es una visita muy especial, ya que el propio jardín se encarga de narrar la historia de Portugal a través de sus coloridos azulejos. El jardín asiático, aquel dedicado a la laurissilva o sus curiosas esculturas y obras arquitectónicas no son lo único que este lugar ofrece, ya que en su interior se puede visitar una exposición de esculturas procedentes de Zimbabue y otra de minerales y gemas procedentes de Brasil, Zambia y Argentina, entre muchos otros países.

La Iglesia Nostra Senhora do Monte es uno de los lugares más destacados, ya que muchos turistas se acercan para visitar la tumba de Carlos I de Habsburgo, el último emperador de Austria, que fue exiliado a Madeira tras la Primera Guerra Mundial; lugar en el que enfermó de tuberculosis hasta que finalmente murió en Monte, donde fue enterrado.

Para terminar la visita de Funchal, el broche de oro lo ponen los miradores Pico dos Barcelos y Miradouro do Pináculo, que ofrecen unas vistas impresionantes de la capital que no dejan indiferente a nadie. Aunque, sin duda, el mirador Cabo Girão es uno de los que mejores vistas brindan a los viajeros, ya que tiene el título del cabo más alto de Europa y cuenta con una plataforma de cristal de acceso gratuito que nos permite observar las fajãs de Rancho y Cabo Girão, áreas de tierra cultivadas en los acantilados.

Madeira es una isla que no deja de sorprender y para conocerla en profundidad y empaparte de su misticismo solo necesitas calzado cómodo y un espíritu aventurero para sumergirte de lleno en la naturaleza siguiendo una ruta como la de levada das 25 Fontes, cuyo camino no tiene demasiados kilómetros y es fácil de realizar. Este recorrido está constituido por un bosque subtropical a través del cual circulan antiguos canales construidos por el hombre para conducir el agua desde el norte hasta el sur de la isla. Realizar esta ruta merece mucho la pena, ya que la belleza del recorrido es inmensa, pero el destino final lo es aún más, ya que el sendero desemboca en una cascada que algunos dicen que tiene 25 fuentes, por eso es llamada de esta forma.

A tan solo 35 minutos de Funchal y a través de unas buenas vías de comunicación, el norte de la isla nos ofrece lugares tan especiales y con tanta historia como Porto Moniz, una de las ciudades más antiguas de Madeira situada entre mar y montañas, dando lugar a un patrimonio natural en el que podemos encontrar las piscinas naturales que nos brinda el mar y, por otro lado, el Bosque de Laurisilva, considerado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO. Además, también cuenta con un importante patrimonio arquitectónico en el que se incluyen la Iglesia Matriz del siglo XVII, la Iglesia de Santa Maria Madalena o el Forte de São João Baptista, entre otros.

Como ya mencionamos al principio, Madeira es una isla de origen volcánico y las Cuevas de São Vicente nos pueden ayudar a comprender esto mismo. Estas surgieron a partir de una erupción volcánica hace 890 mil años y el recorrido que siguió la lava en aquel entonces nos ha dejado como herencia un conjunto de ocho túneles de 1000 metros de largo y 5 o 6 metros de altura. Sin lugar a dudas, es una experiencia que merece mucho la pena vivir.

Continuando por la costa norte, nos encontramos con Santana, una de las ciudades más encantadoras y pintorescas de la isla, tanto por su paisaje (declarado Patrimonio Mundial Natural por la UNESCO), como por la riqueza de su arquitectura tradicional, de la que resaltan las casas triangulares de paja. Sin embargo, este no es el único ámbito en el que su tradición está presente, ya que también la encontramos en la gastronomía local y la artesanía.

Para aquellos que quieran estar en contacto directo con animales marinos, la Reserva Natural de Garajau ofrece unas condiciones excepcionales. Sus aguas calmadas y cristalinas hacen de este un lugar ideal para practicar buceo y nadar viendo ejemplares de mantas, por ejemplo, aunque siempre se debe realizar de la mano de un centro con permiso.

Para terminar con este recorrido por toda la costa madeirense, nos trasladamos hasta la playa Doca do Cavacas, también conocida como Poças do Gomes. Un complejo balneario con piscinas naturales de origen volcánico con aguas cristalinas y tranquilas, aunque, por supuesto, con acceso al mar para disfrutar de un baño algo menos calmado.

PORTO SANTO

La isla de Madeira, aunque no posee una extensión muy vasta de territorio, tiene muchos lugares que visitar, pero para aquellos que se quedan con ganas de más, visitar Porto Santo (la isla vecina) es un acierto seguro, ya que se puede disfrutar de unas playas bellísimas gracias a la poca explotación del territorio.

Para comenzar con la expedición de la isla, te recomendamos empaparte de la historia de este lugar y dejarte impresionar por las casas de antiguos habitantes que a día de hoy aún se conservan manteniendo toda su esencia. Una opción es la Casa da Serra, una vivienda que está abierta al público y que nos permite conocer la historia tanto de sus habitantes como de los refugios en los que se escondía la población cuando llegaban los piratas. Además, puedes comprar productos locales elaborados como se hacían antiguamente para ayudar al dueño de la casa a mantenerla abierta al público.

Prueba de la tradición e historia de Porto Santo también son unos coloridos molinos de viento, que fueron construidos por los antiguos ciudadanos para abastecerse y que se encuentran en lo alto de las montañas, donde también se sitúa uno de los miradores más bonitos de la isla.

En el norte encontramos un paisaje curioso y árido formado por los restos de coral que se transformarían en una cubierta de arena, este lugar es conocido como paleo dunas y como su propio nombre indica, se trata de unas dunas que llaman mucho la atención, ya que están cerca de los acantilados y no del mar, en las cuales tanto la vegetación como los crustáceos que allí se hallaban ahora están fosilizados.

En relación con paisajes geológicos interesantes, es imprescindible visitar el Pico de Ana Ferreira, que, aunque no es demasiado alto (228 metros), podemos encontrar una formación geológica muy especial formada por columnas prismáticas.

Visitar miradores es casi una obligación en una isla con unos paisajes tan espectaculares. Por ello, el mirador de las Flores en el extremo suroeste de la isla es una buena opción, ya que se puede ver al frente el impresionante islote de la Cal, apenas separado de la isla principal por unos metros de agua. Desde aquí también se puede ver la enorme playa de Porto Santo, que tiene una extensión de 9 kilómetros.

Por último, Vila Baleira (la capital) nos ofrece un turismo que entusiasmará a todos aquellos que sientan pasión por la historia. Es una pequeña ciudad que se puede recorrer a pie debido a su reducido tamaño y que esconde joyas como la iglesia matriz y la casa de Cristobal Colón, en la que este último vivió tras casarse con Felipa Moniz.

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